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La Coctelera

el-cafe-de-carlos

23 Diciembre 2007

Le pidió a la luna que fuera testigo, y la luna se negó al tiempo que enturbiaba su reflejo. Dirigió su mirada a la constelación de Tauro y Aldebarán le dio la espalda.

Recorrió la Vía Láctea hasta donde se vacía de estrellas y la pléyade de luceros fueron ocultándose uno tras otro para dejar el cielo huérfano de candilejas.

Hundido en el bancal de su alma, roto en la comisura de su corazón, perdido en el tiempo abstracto anterior a él, mordiendo la soledad, masticando el barro del dolor y sembrando su paso de angustias, caminó como una embarcación sin timonel.

El sendero estrecho zigzagueaba entre las cuadrículas de maizales y viñedos y se estrangulaba acosado por zarzas y espinos.

Ni un mochuelo, ni una rana, ni un grillo, ni un mínimo ruido nocturno que acompañara su marcha. Pero así y todo continuó caminando.

Deseaba alejarse tanto, deseaba poner tanta distancia que sus pasos se fueron haciendo cada vez más largos

El dolor le mordía el alma. La angustia le retorcía como la hiedra sobre el muro y la soledad le acompañaba si es que la soledad puede acompañar a alguien.

Quién es, dijo el sapo que se ocultó bajo la piedra . Dónde va, se preguntó el lobo al verle venir hacia él. Es un loco dijo la raposa. Un herido de la vida respondió la lechuza que anidaba en el campanario... Y el reloj de la torre dio dos campanadas profundas que sonaron huecas en la noche.

Se perderá, volvió a decir el sapo desde su escondite. Ese camino no va a parte alguna, comentó el lobo.

Yo le guiaré, dijo el topo saliendo de debajo de la tierra y todos rieron su extravagancia.

Crujió la grava bajo sus pies y siguió caminando.

De repente apareció el mar frente a él. Un mar plateado de calma chicha y callado como un muerto. Las olas llegaban agonizantes lamiendo la playa depositando sobre la arena el sargazo de la desesperanza. Su ángel de la guarda le cantó en los oídos la canción de no te detengas y él le hizo caso.

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7 Noviembre 2007

Tu cuerpo tiene la apariencia
de la serenidad callada,
coágulo de miel que se deshace
al tacto de mi mano permanentemente alada.
Tacto de sedosa evanescencia
que por el tacto renace
y toma la delicada presencia
de una aurora congelada.
Tu cuerpo tiene el encanto
del almendro renovado,
albor de primaveral confidencia,
frágil y tierno al desencanto
cuando la brisa le ha zarandeado.
Tu cuerpo se arremolina
si presiente mi larga ausencia
y tu piel se torna anacarada
con el pálpito pueril que apergamina
el llanto.
Tu cuerpo es de donde bebo la fuente,
donde mi deseo se aglutina.
Deja pues, que lo acaricie entero
y redescubra todo su encanto.

Tags: poesia

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26 Octubre 2007

SOLILOQUIO DE OTOÑO

Hubo un tiempo en que las mariposas volaban a mi alrededor como atraídas por la luz en la que inevitablemente al final se abrasarían. Hubo un tiempo en que constantemente miraba al cielo porque me encontraba aprisionado y sólo allí, en esa altura infinita, creía ver la libertad. Hubo un tiempo de lucha entre mi yo que se negaba y mi yo que se beneficiaba de la duda y por eso deseaba seguir adelante, para descubrir mundos y utopías nuevas.

Sólo el deseo de saber y por tanto la curiosidad, me mantuvo vivo indagando aquello que aborrecí o aquello que nunca quise comprender.

Cuando me acerqué a la fuente del conocimiento, cuando probé el alimento que me iba nutriendo el ama, o al menos mi interior, entonces comprendí que era necesario seguir caminando, seguir buscando aunque eso supusiera ir dejando en cada búsqueda jirones del alma. También las ovejas dejan sus matas del vellón prendida entres los espinos y no por eso pierden su abrigo.

Los filósofos dicen que NIHIL OMMNIA QUI PRAECOGNITUM, es decir, no se quiere nada que no se haya probado antes.

¿Cómo sé que me gusta o no me gusta si no me he acercado a catar ese sabor?

Qué terrible y rutinario hubiese sido la vida en el Paraíso si Eva no le hubiera dado a probar la manzana a Adán. Una vida en la que no hay misterio y no hay pecado, en el sentido estricto de lo que la iglesia nos ha inculcado como pecado. Cuando ellos vieron que había otra vida nueva fuera del Edén, una vida más atractiva y llena de sorpresas, me imagino que no volvieron a echar de menos la vida contemplativa y sin sobresaltos.

Ahora, consumido mi tiempo, miro atrás y me pregunto ¿qué me queda por resolver o por descubrir? Y observo que hay infinitud de cosas que son las que me mantiene vivo. Cosas que aunque conocidas busco la forma de volverlas a saborear, a verlas desde distinto punto de vista, es decir a hacerlas completamente nuevas.

Amar…. ¿Qué es el amor sino una esclavitud? Me gusta dar en estado puro y para eso necesito de usar mi libertad. Que nadie me imponga la regla y que nadie me diga donde está el límite porque ese límite solo me lo marco yo mismo. Si los demás a cambio de esa entrega me quieren devolver la prebenda, que me la den y si no tan contento, porque así descubro lo que hay de ingratitud en sus corazones.

No te detengas, avanza, si no con paso firme, si tanteando el camino, pero no te juzgues jamás por lo que puedas o no puedas hacer. Júzgate una vez lo hecho pues puede que veas las cosas de forma diferente. Los prejuicios son siempre malos consejeros.

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14 Septiembre 2007

EL VINO...

Esta noche
aterciopelada
por las caricias de la luna
sorberé la bebida
burbujeante en la copa de cristal.
Oyendo canciones de amor,
mi alma quedará embebida
entre dos copas de vino.
Tendré primeramente
que alejar la razón
y divorciarme de la religión
Las soltaré,
las devolveré
al seno de la libertad.
Enseguida,
me uniré para siempre
a la doncella esencia de la uva
que me dará las primicias de su cuerpo...
OMAR KHAYYÁN

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8 Septiembre 2007

OTOÑO

Un viento de nostalgias me sacude cuando aún las hojas en los árboles no han comenzado a teñirse de amarillo, pero presiento dentro de mí el otoño.
"la vida que finaliza...." canta Pavarotti en esta canción tan triste como hermosa y tan hermosa como triste. Y es que el otoño no es ni más ni menos que la antesala a lo que finaliza, un prólogo en el que se dan cita todos los sentimientos que han quedado adormeciedos bajo el sol del estío.
De nuevo volvemos a lo rutinario: los días lángidos, el trabajo, las clases, el día a día sin arrebatos y sin aglomeraciones,pero sobre todo, viviendo en el recuerdo de esa playa que ya nos queda tan lejana.
Ahora son días cortos que se van del gris al amarillo y del amarillo a la tristeza de las ramas desnuds, de los árboles pelados y ateridos de frío.
Un viento de nostalgias se apodera de mi en cada otoño y me recojo sobre mi mismo para preguntarme que es la vida y como la voy quemando a cada instante.
Una sonata el cualquier piano, un poema en cualquier voz y un silencio en cualquier esquina.
Un viento de nostalgias me dice que es tiempo de recogerse, pero no con la tristeza de lo caduco ,sino con la esperanza de que , aunque lejos, volverá la primavera.
Un viento de nostalgias para reposar el amor.
Un viento de nostalgias para sentirse agusto con uno mismo.
Un viento de nostalgias para soñar.
Un viento de nostalgias para el reencuentro
Y en el fondo, como dice el poeta, reposando la lira o callado el piano.
Silencio....va a comenzar de nuevo el canto.

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6 Septiembre 2007

Adiós, Pavarotti

Calló la voz y el mundo sigue como si nada hubiese ocurrido.

Calló la voz y todos los que amamos el bel canto hemos enmudecido de repente.

Esta mañana el Nessun Dorna me sonó como un canto de despedida y cuando llegó el si bemol, la nota más trágica escrita par voz, mis ojos se abrieron como fontanas. Mi hombría se recostó sobre las nostalgias y sobre los recuerdos. No era Pavarotti el que moría, era yo el que también lentamente moría, éramos nosotros lo que dejamos que su voz nos penetrara , los que moríamos también aunque el mundo siga rodando y siga su marcha inexorable. Por una vez Rodolfo ha muerto antes que Mimí y Mario Cavaradossi entonó por última vez su E lucevan la stelle con la certeza de que moría.

“ E lucevan le stelle… ed olezzava la terra… stridea l’uscio dell’orto… e un passo sfiorava la’rena… Entrava ella, fragrante, mi cadea fra le braccia… Oh! dolci baci, o languide carezze, mentr’io fremente le belle forme disciogliea dai veli! Svanì per sempre il sogno mio d’amore… L’ora è fuggita… E muoio disperato! E non ho amato mai tanto la vita!”…

(Y brillaban las estrellas y olía la tierra… chirriaba la puerta del huerto y unos pasos hacían florecer la arena… Entraba ella fragante y caía entre mis brazos… ¡Oh dulces besos, lánguidas caricias! Mientras yo estremecido las bellas formas iba desvelando… Para siempre desvanecido mi sueño de amor… Ese tiempo ha acabado… ¡y voy a morir desesperado! ¡Y jamás he amado tanto la vida!)

Jamás se ama tanto a la vida cuando se vive al borde de ella. Jamás se sienten los pasos como cuando uno camina por el filo de una navaja.

Pavarotti amó tanto a la vida que la vivió atropelladamente y que a mi entender es como hay que irla quemando para que al final nuestros despojos sólo sean ceniza que al polvo y al barro vuelven.

Se calló la voz pero seguirá viviendo eternamente.

Creo que si hay Dios se habrá sentado para escucharle, para vibrar como nos hizo vibrar a todos los que le escuchamos. Para sentir como el bello de la pies se ponía de pie cuando entonaba Che gélida manina….

Hoy también su mano està dormida y fría reposando sobre el regazo enorme de lo que fuera su humanidad.

Seguiremos escuchando su voz como si no hubiese ocurrido nada, como si simplemente se hubiese quedado dormido y así será de ahora en adelante.

Pavarotti duerme, que no le despierte nadie.

Tags: adios, pavarotti

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2 Agosto 2007

Le pidió a la luna que fuera testigo, y la luna se negó al tiempo que enturbiaba su reflejo. Dirigió su mirada a la constelación de Tauro y Aldebarán le dio la espalda.

Recorrió la Vía Láctea hasta donde se vacía de estrellas y la pléyade de luceros fueron ocultándose uno tras otro para dejar el cielo huérfano de candilejas.

Hundido en el bancal de su alma, roto en la comisura de su corazón, perdido en el tiempo abstracto anterior a él, mordiendo la soledad, masticando el barro del dolor y sembrando su paso de angustias, caminó como una embarcación sin timonel.

El sendero estrecho zigzagueaba entre las cuadrículas de maizales y viñedos y se estrangulaba acosado por zarzas y espinos.

Ni un mochuelo, ni una rana, ni un grillo, ni un mínimo ruido nocturno que acompañara su marcha. Pero así y todo continuó caminando.

Deseaba alejarse tanto, deseaba poner tanta distancia que sus pasos se fueron haciendo cada vez más largos

El dolor le mordía el alma. La angustia le retorcía como la hiedra sobre el muro y la soledad le acompañaba si es que la soledad puede acompañar a alguien.

Quién es, dijo el sapo que se ocultó bajo la piedra . Dónde va, se preguntó el lobo al verle venir hacia él. Es un loco dijo la raposa. Un herido de la vida respondió la lechuza que anidaba en el campanario... Y el reloj de la torre dio dos campanadas profundas que sonaron huecas en la noche.

Se perderá, volvió a decir el sapo desde su escondite. Ese camino no va a parte alguna, comentó el lobo.

Yo le guiaré, dijo el topo saliendo de debajo de la tierra y todos rieron su extravagancia.

Crujió la grava bajo sus pies y siguió caminando.

De repente apareció el mar frente a él. Un mar plateado de calma chicha y callado como un muerto. Las olas llegaban agonizantes lamiendo la playa depositando sobre la arena el sargazo de la desesperanza. Su ángel de la guarda le cantó en los oídos la canción de no te detengas y él le hizo caso.

CARLOS

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15 Julio 2007

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