ESTÁ EN EL CAFÉ DE CARLOS, BIENVENIDO
Deja todo tu equipaje en el perchero, siéntante en donde haya sitio y disfruta de un café mientras escuchas esa música que te transportará donde quieras llegar.....Después, habla despacio y dime tus soledades
3 Mayo 2007
Deja todo tu equipaje en el perchero, siéntante en donde haya sitio y disfruta de un café mientras escuchas esa música que te transportará donde quieras llegar.....Después, habla despacio y dime tus soledades
Quizá tenga demasiado equipaje para poder colgarlo en un perchero.
Quizá, en vez de sentarme, prefiera tomar un chupito junto a la columna y...después, en vez de hablar, prefiera cantarte una canción al oido.
Adelaida se perdió en el cielo siguiendo la derrota de una nube blanca que poco a poco se iba deshilachando. Dejó reposar su pluma sobre el pupitre abandonándose definitivamente, perdiéndose definitivamente por el infinito.
La nube se encaprichaba en ser otra forma y despacio, muy despacio se transformaba en nube gaseosa que se confundía con el añil.
Dos gotas de rocío, porque eso eran sus lágrimas, se le desprendieron de los ojos y ella las dejó que siguieran su curso hasta caer como lluvia sobre el papel blanco.
Comprendió que toda su fortaleza se derrumbaba como un castillo de naipes y que aquella soledad, aquel silencio viejo no fueran acicates suficientes que le infundiera valor.
Dió un manotazo al viento como queriendo espantar retazos de recuerdos nuevos y sintonizó su equipo de música sobre el que reposaba el único disco que desde hacía seis años sonaba como una melodía enlazada y sin final.
“Nadie te amará como yo te he amado.....”
La soledad se tornó más sorda porque la música la hería de parte a parte.
Voló un caballo negro por el aire y el cielo se cubrió de rojo como un mal presentimiento.
Pero Adelaida estaba ya tan acostumbrada a estas embestidas de a vida que no le dio mayor importancia.
“Nadie te amará como yo te he amado” ...
-Nadie te amó, mi amor perdido, mi amor enamorado-susurró casi como no queriendo herir el aire.
Volvió sobre el papel tomó su pluma y comenzó a escribir.
Mi más querido y amado Héctor:
Te sigo echando de menos. Pasará más vida, pasará más tiempo y jamás ha de cicatrizar la herida que como una daga me va rompiendo el pecho.
Te amo.
Mi corcel desbocado. Mi corazón. Mi vida.¡Como te amo!
No pudo continuar y de nuevo un vómito de llanto le paralizó el corazón.
¿No sería mejor acabar cuanto antes?
Un rayo casi imperceptible de luz se fue filtrando por al ventana y goloso se posó sobre aquellos garabatos escritos.
Adelaida sin inmutarse dejó que aquella luz casi divina se posara sobre su caligrafía.
SUEÑA DALÍ
Sueña Dalí en uno de esos cuadros que escapan directamente del mundo de los sueños. Sueña que es niña porque niña quiso ser cuando de niño tenía seis años y soñaba ser cocinera. Sueña con su paisaje playero de rocas irreales, con su adorado mar Mediterráneo y con un perro que robó de un cuadro de Velázquez al que de vez en cuando deja dormitar en sus lienzos. Sueña con la luz irreal del verano mágico de luminosidades cegadoras, con ese amarillo que sólo algunos pintores descubren en el mar, con el secreto submundo que el agua oculta. Soñó antes de que yo naciera, soñó cuando yo era niña y ahora yo sueño que escribo sobre el genio que se inventó a si mismo a partir de sus sueños mientras él sueña ya eternamente.
Dalí, obsesionado por la oralidad, soñó que todo era susceptible de ser devorado y que comer siempre era morir un poco y aún así se abalanzó hambriento sobre las verduras mediterráneas con la misma voracidad que sobre el dinero, el sexo o el conocimiento. Soñó que construía casas de pan con muebles de chocolate y que los banqueros comían los cheques que se les daba y soñando que comía llegó a la conclusión de que “ la belleza será comestible o no será”.
Fue niño sin existencia propia, de nombres heredados del hermano muerto antes de su nacimiento, ni uno sólo de sus cuatro nombres, Salvador Domingo Felipe Jacinto fue totalmente suyo, todos los compartió con aquel que nunca conoció salvo por una foto retocada que había en su casa y cuya personalidad trataba de imaginar en sus juegos infantiles cuando simulaba el supuesto comportamiento que hubiese tenido el difunto ante las diferentes situaciones o cuando para poder dormir se imaginaba a si mismo muerto dentro de su ataúd.
Dalí conformó su vida a partir del material a partir del cual se crean los sueños. Consiguió sacar los personajes irreales de la fantasía para darles una vida propia en un universo también irreal de óleo y lienzo y lo que es más, a base de soñar que sería un genio se dio forma a si mismo hasta llegar a serlo. Modeló cada uno de sus rasgos físicos y psíquicos hasta obtener una identidad original y única convirtiéndose de esta manera en la primera escultura autocreada sin intervención de un escultor ajeno a la propia escultura.
Dalí, surrealista escultura humana, andaba por el mundo a falta de algo que descubrió cuando conoció a Gala, amante, modelo, amiga y musa que supo acunar al genio en sus pechos hasta hacerle aún más grande. Y Dalí a cambio levantó por segunda vez la piel del mar para enseñarle a su gran amor los secretos que la caracola que siendo niño puso en su oído le susurró, animándole a buscar el mundo que subyace más allá de lo que a simple vista se ve, tapado por un mar con esquinas, oculto como las alfombras ocultan las pelusas mal barridas.
Ahora que se cumple el centenario de su nacimiento, el 11 de mayo de 1904, nada hay apenas novedoso que decir del genio que a nadie pueda sorprender pues todo sobra cuando se nos vendió a sí mismo como el mejor de los comerciantes y ni siquiera los más jóvenes, los que no pudieron verle en vida se substraen a la estela que dejó tras su muerte.
Tal y como yo lo veo, el niño Dalí que descubrió que tenía la identidad de su hermano y no una propia tenía dos caminos posibles en su destino, la primera volverse loco porque si hay algo que el ser humano sabe íntimamente y ningún individuo de una tribu lejana a nuestra cultura en la que todo parecemos olvidarlo dudaría, es que sin un nombre propio se carece de identidad y por tanto no es posible vivir como un miembro pleno de la sociedad. La segunda reinventarse a sí mismo y eso hizo. Se inventó una existencia en la que sus excentricidades tuviesen cabida, una vida en la que conseguir ser adulto permaneciendo al mismo tiempo en una infancia pervertida a base de ser sabia. Como un niño viejo ideó mundos no coartados por el consciente y dejó volar libres a su imaginación y sus sueños sin cortapisas ni censuras, anegando sus pensamientos de una sexualidad extraña, de una más que reconocida avidez por el dinero, de su amor por Gala y de tantos y tantos símbolos que iniciar un listado sería para acabar muchas páginas después.
Dejemos al genio de bigotes engominados que sueñe por cientos de años más, que sueñe que es niño, que es adulto, que es muerte, que es guerrero en países llenos de animales imaginarios, que le devora la muerte mientras él devora a Gala envuelta en chocolate, que juega con su hermano muerto a perseguir a un perro velazqueño que se oculta a la sombra del mar, que es niña, que es cocinero, que es Napoleón, que planea cambios culturales con amigos poetas, que se adormece con el sol espeso del Mediterráneo, que estudia matemáticas, que imposta la voz, que le salen los dólares por las orejas, que tiene un castillo, que vuelve surrealista al pueblo de Cadaqués que antes fue uno de tantos, que en las playas siempre hay un enigma oculto, que las caracolas cuentan leyendas del mar, que domina la técnica pictórica como los grandes maestros, que sueñe, en fin, que es, ha sido y será para siempre su gran creación, el propio Dalí.
Mar
Sueña Dalí, y sueña Picasso y sueña Velazquez y Mondrian y Kandisnky. Pero ¿cómo serán sus sueños? ¿Cubistas? ¿Forrados de moaré y de luz pristina? ¿Encerraos en claves de lineas y puntos?.....
¿En que sueña el pobre? ¿En ser rico? No lo creo porque nunca ha sabido o que es una riqueza y ya se sabe que NIHIL COGNITUM QUI PRECOGNIUM "no se desea nada que no se ha conocido antes".
"Sueña el rey con sus requizas...." dejó escrito Calderón. Pero todos sabemos que los reyes pueden soñar con lo que les de la gana que para eso son reyes.
Yo como soy pobre, mis sueños son en blanco y negro y seguro que así también lo son los de tantos desmparados y tantos míseros.
Remato con una frase de Sócrates:
De dos posibilidades, una es la muerte: o es una especie de sueño, una ausencia de toda sensación o es( idea popular) una transformación y un tránsito del alma de aqui a otro lugar. Pero si es una falta de toda sensación y coo un sueño durante el cual el dormido ni siquiera sueña, entonces sería la muerte una maravillosa ganancia" (Apologética)
GRACIAS POR INVITARME A TOMAR ESTE CAFE,QUE SABES QUE ME GUSTA,RECIEN HECHO,CON TODO SU AROMA Y SIN AZUCAR,CON CIERTO SABOR A AMARGO,COMO MI CORAZON ESTA ALGUNAS VECES,Y TU COMO BUEN AMIGO,CONSIGUES ALEGRAR....Y POR FAVOR, QUIERO SEGUIR ESCUCHANDO,NESSUN DORMA DE BOLTON...Y SOÑAR CON COSAS QUE NUNCA PODRAN SER,Y QUE POR ESO SON SUEÑOS... maria
"No se desea nada que no se ha conocido antes"
Se puede conocer, aprehender el universo entero, con la mirada, con el sentimiento, con la mente racional y con la inteligencia del corazón.
No creo que los sueños de los pobres sean en blanco y negro. Hablas de riqueza y pobreza, pero los sueños no son un valor de mercado, no cotizan en blosa ni tampoco rinden vasallaje a las rebajas. Los sueños son hermanos de la libertad y de la utopía. No son patrimonio de nadie, no forman parte de inventario alguno ni hay fe notarial que pueda atestiguar su exisistencia o acotar sus límites. Son simplemente "res nullius" (cosas que no pertenecen al dominido de nadie).
Nadie ni nada puede quitarte o dirigir tus sueños. Sólo tú, con tu libertad, eres dueño de ellos.
Pregúntale a M. Luther King, a J. Verne, a Gandhi, la lista sería interminable ¿no crees?
El NIHIL VOLITUM QUIN PRAECOGNITUM ahay que cambiarlo pues en BIHIL COGINUTM QUIN PRAEVOLITUM
No se conoce nada que no se haya antes querido.
Querer es, voluntad de creer, la fe en su esencia que es cosa de la voluntad y no de la razón. "La vida engaña a la razón y ésta a aquella"
¿Sometemos la vida a la razón? Yo al menos no porque el fin de la vida es vivir y no lo es comprender. Puro escepticismo.
Se puede soñar, que al final los sueños son lo que son y naturalmente son libres¿ Libres? lo pongo en duda. Hasta soñando estamos sujetos a las reglas del juego
De acuerdo con que libertad absoluta no tenemos en nada, pero sí tenemos libertad para elegir. Continuamente estamos eligiendo, aunque esa elección la recubramos de que es lo que "debemos hacer" ,lo que se espera de nosotros" ,lo que nos enseñaron" etc... En el fondo nada de eso nos quita libertad. Elegimos ser estar dentro o estar al margen, elegimos ser esclavos de un sueldo o esclavos de la inseguridad económica, elegimos rodearnos de supuestos amigos o ser conscientes de nuestra soledad. elegimos estar sujetos a las reglas del juego o no jugar a nada.
Eso es lo malo, la constante indecisión de tener que optar por esto o aquello, por qué no ahora o después, hoy y no mañana...Eso es lo que nos produce la angustia vital: tener que estar decidiendo en cada momento que actitud tomar, que camino seguir, o, simplemente, donde detenerse.
Es decir, "la fórmula de lo uno o de lo otro" (Kierkegaard).
¿Dónde vamos?¿Qué o quién nos define? Para llegar al "ser para la muerte" ya que hata ese postre instante nos estamos definiendo o perfeccionando. Pero ¿para qué o para quién? Gran paradoja si alcanzamos precisamente la perfección cuando salimos de este mundo.
Lo mismo que el escultor manosea la arcilla y le va dando forma con la plena seguridad de que camina hacia la obra perfecta, así nosotros nos vamos moldeando pero....aqui llega la incógnita ¿Comó sabemos que nosotros obramos en el sentido exacto, es decir si caminamos hacia lo perfecto?
¿Y qué es lo perfecto?
No hay perfección, o al menos sólo una perfección subjetiva que nos empuja por un camino ya decidido. Luego entonces el hombre es un ser para sí mismo. ¿Qué le importan los demás? ya dijo Sartre que "el infierno son los otros".
Un teorema que jamás podremos resolver acertadamente.
Acteón. Si, un Acteón es el hombre devorado por los demás hombres. Nada de hermanos, nada de camaradas, nada de compañeros y de amigos. Perros y lobos, lobos y perros, que afilan sus colmillos en las barras de los bares, en las oficinas, en los andenes, en los paseos, en los lavabos. Hoy te como a ti, mañana me devorarán a mí. Y así, caminan por la calle, sin mirar a un cielo que sólo existe para los locos, los enfermos, y los sin techo que cada noche han de dormir mirando inevitablemente a las estrellas.
Desde la acera, una prostituta le dio un silbido al tiempo que se levantaba la falda, enseñando la mercancía que ponía en venta. Un cuerpo devastado como esos trozos de cuaderna envueltos en sargazo que cada mañana el mar arroja sobre la playa. Un campo agreste en el que se han librado cien batallas y en el que se podía apreciar el desastre de cada una de ellas. Si lo que intentaba con aquella exhibición era crear una trampa para la mirada, apenas si lo conseguiría. Si lo que se proponía era ofrecerse como objeto de deseo, hubiera bastado el silbido suscitando el deseo y dejando para más tarde el resolver el enigma que ahora a todas luces ponía al descubierto.
Modigliani no pensó en aquel sexo lleno de hambres, simplemente pensó en el prototipo de las modelos flacas, hambres del pintor italiano.
Por supuesto que nada tenía que ver con el cuerpo de la Venus del Espejo.
Mientras caminaba, fue repasando mentalmente los desnudos que por una u otra razón habían quedado como páginas sueltas, grabados en su memoria. De entre todos ellos, sobresalió con más nitidez la Venus de Boticelli y al ponerla ante sus ojos, no pudo evitar volver la cabeza para contemplar aquella otra venus rota, venus de capricho, venus de acera, venus de noche. Una venus frágil que era incapaz de despertar el misterio del deseo.
Tras Boticelli y como en una procesión sacra, aparecía ahora un Giorgione ávido de recrear la belleza física, ansioso y delicado como ningún otro. Y siguiendo a ellos dos, la pléyade de pintores, la pléyade de estampas: Tiziano, Rubens, Renoir, Courbet y cerrando aquella pasarela de carne, Velázquez.
Se detuvo ante el escaparate de saneamientos, atraído por luces imprecisas que llenaban de reflejos cada uno de los aparatos sanitarios allí exhibidos. Saltó en el tiempo justo para ver desaparecer por el fondo a Carlota Corday con el arma asesina en sus manos aún goteando la sangre caliente de un Marat que agonizaba dentro de la bañera. Se vio él mismo dentro de esa bañera sanguinolenta, agonizando también y buscando entre los estertores de la muerte el único camino que le pudiera salvar: Luna.
Se alejó de allí con un amargo regusto pegado a la garganta. Intentó deshacerse de esa macabra visión y para ello buscó el sugestivo y discreto reclamo de un sex-shop. Se indignó ante la venus de Milo masacrada, embadurnada en rojo y rodeada de neones. Otra vez el rojo, otra vez la sangre, otra vez el deseo, otra vez la ambivalencia muerte-amor. Otra vez el jaque mate a la reina. Rojo y negro, la ruleta que gira como la vida y se detiene caprichosa ante el número par o impar. Hagan juego, señores, la suerte está echada. Y si la suerte está echada, ¿Para qué demonios queremos jugar? Pero hay que apostar. Nadie se salva sin apostar. Hay que decir entre esto y aquello, entre el ser y no ser, entre el antes y el después. Otra vez Sartre y Kieerkegard. Otra vez la náusea, otra vez la angustia, la cárcel de la nada en que nos encontramos encerrados. No hay orden lógico y por lo tanto la venus mancillada, la venus teñida de rojo deja de ser una repulsa, una negación, porque ya nadie sabe que es la Belleza ¿Qué queda de ella? Picasso, un antes y un después. Las Señoritas de Avignon. La Belleza que se desintegra. El escarnio, el cubismo que nace de una máscara africana y que arrastrará tras él como un ciclón devastador cuanto queda del desnudo, cuanto queda de la pintura. Hijos todos del cubismo somos. De Matisse a Duchamp, de Duchamp a Millares ¿No querías que siguiéramos las huellas de los maestros? ¿Hacia dónde nos conducen los maestros, Juvenal? Y él en medio de esa vorágine, de esa materia maltratada, intentando recomponer una Venus que, como un espectro, aparece en su vida.
Y la vio fría sobre el caballete, como un cadáver que en la morgue espera la disección. Otra vez que le rondaba por la cabeza la muerte.
Volvió la cabeza buscando la bañera pero las luces se habían apagado sobre el escaparate. Las luces se iban diluyendo lentamente como luciérnagas escondidas bajo el detritus y la hierba.
-¡Eh, amigo! ¿No quiere pasar?
.
CARLOS
El aroma a lilas es un recuerdo caduco que se ha desvanecido y sólo permanece el aroma balsámico de la trementina. Al dar la luz, la Venus, testificando cualquier sueño, yace sobre el caballete ¡Qué diferente es este desnudo limpio y de carnes apretadas! La estancia está fría. Los depósitos de cadáveres también están fríos. La mesa de disección también está fría. La casa de Chaguaceda estará también fría. Todo, todo lo que toca y lo que siente es gélido y glacial. El frió aterrador de la muerte.
Toma de nuevo la antigua nota de Marta: ”He estado aquí. Te llamaré más tarde. Un beso. Marta”...
¿Llamó más tarde? Ni siquiera lo recuerda.
Deja la nota donde estaba, sobre la mesa de trabajo, al lado de las espátulas. Al reparar en ellas, la hoja afilada le recuerda el puñal que le causó la muerte a Marat.
Muerte, muerte, muerte…
Sus ojos buscan un charco de sangre, una mancha roja sobre el pavimento. Nada. El tiempo no ha estado allí. Se deja caer sobre la butaca con la vista puesta en el caballete. Le duelen el silencio y cuanto le rodea ¡Que distinto el silencio de las noches en Chaguaceda! ¿Por qué ha vuelto?
Un tiempo interpuesto entre ambas estancias y que no ha servido absolutamente para nada. De poco le sirve al hombre huir escapando de su debilidad o buscando una sombra distinta que le convenza que no es el mismo hombre.
“Caín, ¿Qué has hecho con tu hermano Abel” Y Caín escondido, turbado, buscando un lugar aparatado donde no le pudiera llegar el reproche de Dios?
¿Dónde está ese lugar en que uno pueda encontrar refugio y dejar olvidada la conciencia y el propio yo?
Luna.
Miró al exterior, miró a la noche, miró al cielo. Todo negro, negro de muerte
Quiso huir de la congoja buscando los recuerdos. Retornar al pueblo, a los días luminosos y bellos. La experiencia le decía que no le serviría para nada.
Toma de la mesa la espátula más grande y se aproxima al lienzo y en un impulso de violencia rasga la tela de parte a parte. Apenas ha escuchado el sonido y vuelve a rasgar una y otra vez con saña, con odio, mientras repite como poseído, Paete, non dolet. Paete non dolet.
Busca la muñeca y oye el palpitar de la sangre.
-¡Hazlo! -le dicta una voz tras de él.
-Si has sido capaz de asesinar serás capaz de volver a hacerlo.
Diego con los ojos llenos de lágrimas miraba al lienzo destrozado.
-¿Qué haces tú aquí?
-Te he seguido. Presentía que podía ocurrir esto y quería evitarlo
-Pues has llegado demasiado tarde.
-Eres un cobarde. Titubeas cuando tomas la espátula o el pincel y se apodera de ti el miedo ancestral.
-¡No, otra vez no!
Empapado en sudor se incorporó en medio de la noche, viviendo como reales el mundo de sus pesadillas.
.......
Hola Carlos. ¿De que libro has sacado esos párrafos?
¿Chaguaceda es un pueblo de Sanabria? Lo conozco
Un saludo.
Cansada el alma me repite
que desoiga el goteo incesante
de mi llanto;
Que comprima el aire sofocante
en una mano
y en la otra el puñal que hiera
mi costado.
Una sed amarga el paladar me seca,
peregrina por el dolor un canto
que callar a golpe de morir quisiera.
Mas, el río al pasar me dice, espera.
El cielo en llevarme se obceca.
El viento que soy un desencanto.
Y yo, sobre mi mísmo recostado,
no atengo a razones.
Zozobro acosado por la duda
apostando mi indulgencia al as de corazones.
EL COÑO DE LAS LESBIANAS
Hay una convención de lesbianas que nos espantan a los clientes del hotel. Las lesbianas que llegan en manada, alborotando el vestíbulo de pancartas y consignas feministas, practican un corporativismos feroz, más feroz aún que el de los jueces, médicos o abogados. Las lesbianas son mozas muy garridas que e recuerdan más a las zagalas de Sanazzaro o Jorge de Montemayor, a las serranas del Marques de Santillana, que cargaba a hombros con los viajeros que se aventuraban por sus dominios y luego se los trajinaban en cualquier andurrial o despeñadero. Uno, que ha leído mucho a Proust, pese a trabajar como recepcionista en este hotelucho, espera que algún año entre la tropa belicosa de lesbianas. Haya una similar a la Albertine de Au recherche, o a cualquiera de esas gomorrianas sublimes que Prust conoció en el balneario de Balbec, pero la naturaleza contradice al arte. Frente a las lesbianas de los libros, muchachas en flor que miran por el rabillo del ojo y perpetran malicias, las lesbianas de las convenciones aparecen como facción de mujeres selváticas y algo rancias, mas representativas de la vulgaridad que de otra cosa. Las lesbianas se encierran en sus habitaciones, depués de inscribirse en la recepción, para reposar del viaje y se mezclan entre sí. Forman un harén de sirenas mollares, infamadas por la incomprensión de la sociedad. Una vez instaladas, empiezan a oírse detrás de las puertas suspiros y ronroneos y ensalivamientos. Las lesbianas se hacen la tortilla con una delicadeza inédita en las parejas heterosexuales, aplicándose el placer de la otra más que el propio, en un altruismo de amor. Entre las parejas de lesbianas hay quien oficia de hombre y quien oficia de mujer ( a pesar del corporativismo y las convenciones en hoteluchos, aún no han logrado desprenderse de los usos sociales) pero esta división de papeles no resta grandeza a su amor de seres estériles entre sí. Las lesbianas juntan sus coños sin miedo al apareamiento, intercambian sus jugos y se dan besos de saliva espesa, casi masculina. El coño de las lesbianas, mejor conservado que el de las heterosexuales,(del mismo modo que la mujer sin hijos conserva más terso el vientre que la paridora) participa de la tortilla con unos orgasmos copiosos, pantanosos, casi fluviales, que empapan las sábanas y obligan al servicio de lavandería del hotel a hacer horas extras. Por la mañana, a falta de otras pancartas, las lesbianas se levantan y sacan a los balcones del hotel las sábanas mojadas de masturbaciones y cunnilinguos, como estandartes impúdicos de sus actividades nocturnas.. Las sábanas restallan al viento, con la doble impronta de los coños, y el director le pega voces al servicio de limpieza del hotel, para que retires inmediatamente de los balcones esas guarrerías, que mancillarán el prestigio del negocio. Las manchas de flujos sobre las sábanas tejen una caligrafía caprichosa, como las manchas de tinta y podrían ser empleadas por un psiquiatra para estudiar las reacciones de sus pacientes.
A mi, en concreto, esas manchas me sugieren un río habitado por náyades ¿Serán las lesbianas náyades a las que una hechicera convirtió en viragos, tocándolas con una varita mágica?
Juan Manuel de Prada (de su libro COÑOS 1998)
COÑOS DE PAPEL CUCHÉ
Cuando se apagaban las luces del internado, cuando el cura encargado de mantener el orden nos dba la sbuenas noches y se iba, con un rumorde avemarías y de confesionarios, cuando las dos hileras de camas parecían albergar el descanso de unos niños not an niños, empezaban, de repente,a funcionar los mecheros. Las llamas de los mecheros iluminaban las habitacions del internado, coo una congragación de ánimas en pena, y alumbraban las revistas pornográficas, de fecha atrasada o reciente, que comprábamos a escote, por esa extraña solidaridad que practican los epcadores. Florecían de debajo de la almohada, las revistas de señoritas desnduas, aquellas revistas ilustradas con profusión, suaves al tacto (quizá el papel cuché aspire a reproducirel tejido epidérmico), y aproximábamos la llama del mechero a los coños de allende el océano ( las señoritas de las revistas eran de California o Virginia, creando un efecto pictórico, tenebrsta, en el cual no reparábamos. El dormitorio se llenaba de palabras sucias, y de entre las sábanas surgían, como un amanecer de carne fotografiada, las anatomías de Stacy y Suzy y Donna y KLorena, un repertorio de culos redondos, uñas que arañaban (pero de mentirijillas) y bocas que lamen (pero sin saliva), una iconografía triste de señoritas como papel de biblia que desaprecían al pasar la página, o reaparecían en otra postura distinta, roja de carmín o de sangre, sepultadas entre su lencería y mostrando la herida de sus coños, que el fotógrafo (Earl Miller, se llamaba, aún lo recuerdo) había procurqado mitigar con un virado en sepia o un leve difumino. El coño de las señoritas de papel cuché ocupaba por completo el objetivo de la cámara, y amenazaba con extender sus labios sobre quien lo mirase. El coño de las señoritas de papel cuché, esa escabrosidad amortiguada por el vello del pubis y el reposo de los muslos, me saturó pronto, porque había en él una pretensión de higiene o elegancia (lo que los americanos erntienden por higiene o elegancia), algo eminentemente aburrido que ni siquiera la variedad de posturas lograba contrarrestrar. El coño de Cindy y Sandy y Lucy, silencioso y satinado, lejos de excitarme, despertaba en mí pensamientos quizá impropios de mi edad, reflexiones de niño precoz y algo pesimista ( mis compañeros de internado se derramaban entre imprecaciones, los muy brutos, y no me dejaban pensar) que ya iba descubriendo el lado menos amable del sexo, su dosis de mercancía y cambalache.
Yo prefería masturbarme pensando en la Venus del Espejo que pintó Velazquez, trantado de imaginar como sería su coño. No volví a colaborar en la adquisición de revistar pornográficas, y desde entonces tengo fama de insolidario. Aqui es que ya no se respeta el derecho a la diferencia
JUNA MANUEL DE PRADA (De su libro COÑOS)
Si has de dolerme silencio, comienza a dolerme ya.
Y si ha de matarme tu ausencia
rompe el fanal de mi pecho y haz que corra el manantial
de mis venas.
Pronto se apaga la sombra de tu presencia
y el vacío es un cielo de cristal
donde estrellas infinitas son las penas.
Oigo ya tu corazón gritar
llamándome desde la otra orilla.
Mas, prefiero morir atrapado en el tormento
y beberme entero tu cuerpo desnudo.
No es cosa esta sencilla
de entregar vencida el alma y apagar
el último sonido antes de quedarse mudo.
Reposa pues un momento
déjame libar la miel de tu sexo.
Ahora ya puedo morir
llevando como equipaje el exceso
de tus besos,
el pálpito de tus caricias
y las gotas de rocío que me diste
transportadas de tus pechos.
Huelo tu aroma
mientras que la noche más negra
en mis ojos sin luz su frío asoma.
Rebusco como si entre la basura o el estercolero me revolcara o en la montaña de escombros como una hiena o una rata abriera las entrañas de la cochambre para hundir en ella mi olfato y mi boca que pide miasmas por alimento.
Odio el aire puro, el cielo limpio, la luz diáfana y me infecto de inmundicia hasta hacer sangrar mis venas , ríos de pus que me recorrer hasta inundarme.
Rebusco una y otra vez la razón última o la sinrazón que te impulsó a determinar que la vida debería acabar en ese exacto momento. Y no encuentro excusa justa para perdonarte o justificar tu determinación. Aunque, a veces, como ahora mismo, esté más cerca de comprenderte que de reprochar tu determinación.
Te fuiste y punto.
Pero ¿Por qué?
No es grato vivir cuando nuestro pensamiento es una fuente que a borbotones expulsa el torrente de cuanto llevamos dentro y de cuanto callamos.
¿Sabes una cosa? Que yo también me encuentro en esa playa que centímetro a centímetro va ocupando el mar con su flujo, en la pleamar inconsciente de que sabiéndose mar inmenso tiene el derecho de anegar cuanto yace a su orilla. Y todo a cambio de dejar el sargazo más como ambiciosa necesidad de mostrar su omnipotencia que como voluntad de ensanchar su inmensidad.
¿Miraste alguna vez el cielo cuando el vacío opaco te reclamaba su parte alícuota de existencia? ¿Mermaste la distancia a la estrella más cercana para escuchar el silencio del abismo que de ella te separaba?
Creo que no. Creo que lo tuyo fue un arrebato inconsciente, una machada de vida y de orgullo o de pasión.
Tal vez este pequeño detalle es el que nos separe de tomar diferentes determinaciones, aunque comparta contigo en estos momentos la necesidad de hacernos literalmente hermanos de escrúpulos y de recelos ante un momento en que yo empuñando el arado de los días mire hacía atrás y tu, iluminado o roto te sientas desengañado ya no de la vida en la que no participas pero si de la muerte que doblega. Tú que nunca permitiste que nadie entrara en tus sueños de incertidumbre para hurgar en el huerto de tu alma insistes una y otra vez en que recorra el camino hacia el infierno en que te acrisolas. Y total, para qué. Para ser ambos un liquen incrustados en la nada y cargarnos de razones suficientemente claras de que no merecía la pena el vivir ni aún a fuerza de ser felices.
En que consite la felicidad me preguntaste una noche en que ambos llenábamos de tinto vino nuestras venas. Te miré a los ojos fijamente tratando de penetrar por ellos hasta lo más profundo de tu cerebro
Me lo preguntabas tú, hermano. Tú que habías trazado la línea más recta en la vida y cabalgabas por una playa sin arcenes que acotaran el camino. Tú, que te permitías el lujo de andar desnudo por el paraíso. Tú, que bebías en la fuente más hermosa del amor.... Me pedías que te definiera la felicidad.
Te miré con ternura, lo recuerdo porque esa mirada sólo la uso para proclamar la envidia que siento hacia los demás..
Y tomando la copa de vino bebí hasta apurarla. Guardé un prolongado silencio tal vez midiendo la distancia que nos separaba a los dos y te dije sencillamente: la felicidad eres tú.
Y ese momento sublime lo recordé cuando me dijeron que te tronchaste colgado jugando como una golondrina en el vacío. que abriste a tus pies.
¿Fue esa misma felicidad la que te desnucó o la que te precipitó a buscar un campo de azucenas donde tumbarte por los siglos de los siglos?
Ahora, sentado, callado, libre, suspenso en la materia de saber vivir, creo que, arrullado en esa misma música, la música que hace vibrar la pena siento de nuevo tu envidia.
Pero temo que, tal vez, nos hayamos equivocado, Manolo.
Liberto se sentó ante el ordenador retiró la funda que lo protegía y se quedó contemplando la pantalla vacía. Opaca, muerta, fría. Extendió su mano hasta que las yemas de sus dedos se posaron sobre ella. Su contactó le congeló también el corazón. Cerró los ojos, escuchó en el silencio. Ni una palabra mágica para pronunciar que le alejase de la procesión e recuerdos que iban ante él desfilando como cadáveres. Recuerdos descarnados que sólo quedaba de ellos el sudario.
Por sus mejillas resbalaron dos lágrimas grandes, como perlas que dejó se deslizaran lentamente.
Sentía un hormiguillo que le ascendía desde la muñeca por el hombro pero ni esa pesadez le hizo cambiar de posición. Tal vez la muerte fuera avanzando despacio, sin apenas ser percibida. Sólo ese hormigueo. Solo esa sensación durmiente que le iba venciendo el abrazo.
Abrió los ojos de nuevo y se volvió a reencontrar con aquella pantalla en la que apenas se reflejaba un rostro, su rostro como una imagen transparente y congelada.
Dudó si conectar nuevamente el ordenador, Volvió a escudriñar en el silencio que llenaba la habitación. Recorrió los libros apilados, las postales que recorrían la pared, el póster gigante de Tom Waits y cada uno de los pequeños objetos que se recostaban los unos junto a los otros como cansados, fatigados de estar siempre haciendo guardia o custodiando aquel ordenador que parecía muerto.
Allí estaba el pequeño amuleto que Mar le había tallado en un madera. Te traerá suerte le había dicho al entrégaselo una noche cuando se despedían dentro del coche. Recordó aquel primer beso tímido y deslavado. La miró a los ojos y simplemente dijo, gracias, mientras apretaba su mano.
¿Suerte? Le dieron ganas de estrujarlo, partirlo, y lanzarlo a la papelera.
¿Suerte?
Junto aquel amuleto el soldadito de plomo vestido de templario. Non nobis, domine, non nobis, sed nomini tuo da gloriam.
Ahora si que se cumplía el lema. Todo para Él, nada para mí.
¿Qué queda de mí?
Siguió su recorrido ocular posándose encada una de aquellas figuras. El troll de nariz larga que en otro tiempo le hizo sonreír; las ranas desperdigadas por toda la mesa, el Buda diminuto ante el que quemaba incienso; el porta fotos vacío, el bote de tabaco y, alineadas, las pipas que diariamente fumaba y que ahora, como el resto de los objetos, reposaban también frías y cubiertas de una fina capa de polvo.
Torres y torres de cds que guardaban las muchas horas de música grabada en ellos.
Al recordar el pasado fue acumulando años, meses, días, horas, minutos...
El tempo fugit.
Le dio miedo penetrar en el túnel del tiempo y era necesario hacerlo.
Y ¿para qué? ¿Para volver a sufrir? ¿Para volver a recorrerlo de nuevo y pasar sobre los recuerdos intentando rescribirlos de forma distinta? Imposible.
Los recuerdos quedan quietos, fechados y sin caducidad. Sólo hasta que el último aliento sujete la vida estarán posados en nosotros y sólo dejaran de existir cuando nos vaciemos de aire y de calor.
Ya no sentía el brazo quieto y la mano apoyada sobre la pantalla. La dejó caer sobre la mesa y lentamente percibió como el flujo sanguíneo volvía a recorrerlo.
Un último poema inacabado garabateado en su cuaderno de pastas rojas y que hablaba en métrica bien medida de los sabores de besos y calor de las caricias, de llantos y de soledades, de vidas y de muertes....
Se dio cuenta de que todo cuanto le rodeaba era un canto fúnebre una larga y retórica sensación de que el ambiente que reinaba dentro de aquella habitación era una premonición o, más bien, una larga letanía de sensaciones amargas, patibularias y agónicas.
¿Y por qué han de ser de otra manera si lo que deseo ardientemente es morir?
Esa conclusión quedó flotando en el ambiente como si una cuchilla lo hubiera rasgado de parte a parte.
Morir finarse, dejar de ser, cruzar a la otra orilla donde uno no necesita nada o donde uno solo ha de descansar tranquilo sin pensamientos y sobre todo sin recuerdos lacerantes por muy hermosos que hubieran sido una vez en la vida.
Giró su silla de ruedas y con el único brazo en el que le quedaba movilidad apretó el contacto de marcha. Desde el umbral de la puerta volvió a girar la silla para volver a contemplar la pantalla vacía, el troll, el amuleto, el templario, las ranas, las postales el tabaco, las pilas, el póster...
Tal vez otro día, hoy no me siento con fuerzas. Y con lo simple que es conectarlo.
¿Y para qué?
Y así resoluto, firme pero afligido se alejó del cuarto dejando a sus espaldas un ordenador callado, inmóvil como él esperando que un día alguien le hiciera sentirse vivo.
Abrió la ventana y se dio de bruces con el mar. En medio de la bruma, las gaviotas alzaban el vuelo y sus graznidos eran cuchillos afilados que rasgaban el cielo. Dos paquebotes se alejaban lentamente dejando marcada su estela como el pañuelo blanco que se agita en las despedidas. Y a lo lejos, muy a lo lejos, donde se intuye que el horizonte se acaba, trazada con la energía de un brochazo oscuro, el ritmo sin ritmo de un perfil urbano que se alarga
hasta perderse de nuevo enterrado en el mar...
Sofía lentamente rizó una mirada y desde la estela blanca que dejaban las barcazas fue recorriendo el despertar de aquel amanecer que solo era roto por el alarido de las aves.
Atrás había dejado otro mar más cálido, más limpio, más azul y más humano. Un mar de luces y de tonadas. Un mar donde la gente canta y se abraza a la mañana llena de sol y de luz purísima e inmaculada.
También había quedado un río ancho, que va en busca de las marismas entre quejios y golpes de guitarra. Un río manso, sumiso, caudal de sueños y de esperanzas...
El alma se le cayó a los suelos mientras su pecho se llenaba de nostalgias, de recuerdos, de penas y de angustias.
De pronto cuanto veía se le cristalizó y al punto un sabor salado que comenzó en sus labios le fue llenando la boca. Al beber su propio llanto se preguntó el porqué de estar allí lejos de todos, abandonada por todos y sola por todos.
-No se puede huir de uno mismo- le dijo su yaya cuando entre juegos se escondió tanto que no supo regresar.
-No se puede huir- repitió ahora con la voz quebrada.
El incienso apagaba el olor salitre de aquella habitación. Sus pechos endurecidos por la brisa marinera se volvieron blandos y de nuevo se dejaron caer cansados, vacíos y calientes.
Fue un intento vano el remontar cielos buscando siempre la ruta exacta que, como las que las aves migratorias, le hicieran regresar al hogar.
-¿He dicho hogar?
No. No hay hogar, no hay refugio, no hay sitio, árbol, pared, calle o plaza que la esperen. No hay nadie que la llame ni nadie que reclame su ausencia.
Acaso sea simplemente un alma que perdida no encuentra donde reencarnarse o como regresar a un cuerpo que le haga un hueco para comenzar a vivir de nuevo.
Alarga la mano para atrapar el viento, para tocar la aurora, para encender el sol que comienza a dibujarse como un disco de oro.
Vacila en el aire, la contempla en el aire, la mece en el aire.
-Vacía también.
Mira a la calle. Podría saltar y precipitarse sobre ella. Punto y final.
Pero el miedo ancestral a enfrentarse cara a cara con la muerte le disipan sus intenciones.
Paz.
-¿Y si tras ella encuentro la paz que jamás he tenido?
Además a la muerte ya le ha visto muchas veces tan cerca que incluso conoce su olor. La ha tratado como una amiga y no como a una desconocida.
Reacciona cuando el sonido de una sirena traspasa sus tímpanos y llena de vida la habitación vacía.
Reacciona cuando el moacín desde el mirenete llama al rezo, Reacciona cuando el aire se llena de nuevo de perfumes frescos, acaramelados mezcla de almizcle y de pan tierno. Reacciona cuando el despertador irrumpe en la escena y hace añicos el silencio. Reacciona cuando siente que el frío gangrena su cuerpo desnudo.
El tiempo es simplemente tiempo que se toma o se deja.
Vuelve al lecho, las sábanas aún calientes se pegan a su piel- La luz llena de nuevos matices cuanto no pudo en la noche percibir. Un techo azul añil que supura humedades. Unas paredes azul añil recorridas por los meandros de las grietas. Un palanganero salpicado de herrumbres, una jofaina adornada con filigrana de flores y un armario torcido, repintado, decadente que parece pedir a gritos que le arranque de allí. ¡ De tantas cosas ha sido testigo mudo que ahora solo pide por favor le abandonen lejos donde la carcoma se encargue de destruir sus recuerdos!
No ha deshecho la maleta. Tiene miedo. Sabe por otras veces, que cuando se abre, cuando se comienza a colocar sus pequeños enseres en aparador y tocadores, es señal inequívoca de que no hay retorno inmediato.
Al contemplarla sobre la silla de nuevo se le aúpa la pena y siente que el mundo se le echa encima. Nada bajo sus pies. Nada en donde apoyarse, donde sujetar el peso de su cuerpo, donde aferrar su mano o que esa mano sea tomada por otra mano que simplemente diga, ven.
La última vez que alguien le dijo ven fue para dirigirla por el callejón donde las mentiras son amigas de las ratas y donde el hambre, el odio, el deseo, el miedo, son escalones que te bajan al infierno.
Su boca se aplastó contra otra boca borracha, se alimentó de su propia náusea y cuando las manos asieron su cintura para decir no tengas miedo, sus ojos contemplaban el espanto.
-Mami, ¿dónde has puesto mi ropa limpia, la que huele a romero?
Acaso solo fue un sueño.
De nuevo el llanto. De nuevo su garganta con sabor a mar y su pecho llenándose de pena.
Removió tanto su vida que a golpe de nostalgias fue de nuevo quedándose otra vez dormida.
Plantada ante la puerta del infierno alzó la mano para rozarla. Era sólida, de roble viejo, guarnecida con herrajes atauricados. Al recorrer sus vetas con la yema de los dedos sintió una sensación de pesadez . Por tres veces meditó si era o no conveniente llamar. Y por tres veces miró a sus espaldas para comprobar que el camino andando aún estaba allí, que tenía retorno si quisiera regresar.
Respiró profundamente antes de tomar entre sus manos el llamador. El corazón le hizo un guiño extraño que no supo descifrar.
Fueron tres golpes secos que retumbaron como si el cielo se quisiera desprender de su centro y aplastarla.
Desde el interior, respondieron otros tres golpes similares que la estremecieron.
Esperó unos instantes y cuando el eco se perdió volvió a tomar aquel llamador con forma de salamandra. Dos golpes espaciados esperaron la idéntica respuesta desde el otro lado de la puerta.
Después, simplemente esperó,
La hoja giró sobre sus goznes y una voz sin rostro le preguntó.
-¿A qué vienes?
-Simplemente vengo.
-¿Y qué esperas?
-Lo que me des.
El zaguán estaba pobremente iluminado por docenas de velas que se consumían borrando con humo cientos de filigranas que se iban perdiendo en el aire espeso con tufo a humedad y a cera derretida.
La sombra, porque era una sobra que ni pisaba la tierra, le tomó de la mano i simplemente digo, ven.
Avanzó despacio. Su mano se iba humedeciendo al contacto de aquella mano fría y descarnada.
Pasaron a un interior oscuro dónde sólo llegaba una luz lejana que por algún hueco se filtraba rompiendo el silencio y tal vez la paz.
-Mami, deja que vaya sola, ya sé caminar...
Y su madre la dejó dar unos pasos para caer de nuevo en la hierba caliente.
Una música que no era ni música le llegó llenando el pasillo largo y estrecho.
-No temas.
Vaciló en medio de un escalofrío.
Pero ya no quiso mirar atrás.
La sombra que le precedía entreabrió una puerta y la música le dio en pleno rostro como una bocanada asfixiante.
Todo estaba absolutamente en penumbra
-A qué has venido...
No respondió. Aunque tal vez respondiera sin que ella lo oyese.
-Acércate.
La voz era suave, con una cadencia extraña. Las sílabas se arrastraban atropelladamente las una sobre las otras. Por un momento le recordó la voz que desde el mirenete lanzaba el moacin.
-Si buscas la paz, yo te la daré a cambio del óvolo que has de depositar en mis manos.
Comprendió al instante y de su mochila extrajo el dinero. Sin contarlo lo depositó en aquella mano que se extendía frente a ella.
-Ahora siéntate a mi lado y relájate.
No veía nada. Solo la música, la machacona música que lo invadía todo y todo lo deshacía dentro de sus notas.
El hombre le desnudó su brazo y ató un elástico que al instante le produjo un hormigueo en la yema de los dedos.
Después simplemente fue un picotazo. Un chorro de calor le fue ascendiendo por las venas como si todo el infierno se introdujera en su cuerpo. El corazón le galopó con desenfreno y la respiración le faltó.
Se dejó caer hacia atrás. El cuerpo ya no era suyo.
Un arco iris cruzó de parte a parte la música dejó de sonar, mientras se desintegraba en partículas diminutas que se extendían a lo largo de la alfombra mullida.
-Duerme...
Esa voz, ese susurro retumbó dentro de su cabeza hueca y vacía y como la voz del eco se fue repitiendo una y otra y mil veces más...
Duerme, duerme, duerme.....
De nuevo el callejón del miedo. De nuevo su ropa desgarrada y el aliento putrefacto sobre su boca. De nuevo su sexo extrapolado a otros lugares. De nuevo la miseria y la tristeza en medio de un baño de olores y sabores inconfundibles. Su boca llena de espuma y sus pechos ardiendo como ascuas.
De nuevo el arrullo de palomas que iban cayendo una a una en un último vuelo. De nuevo el río tierno y plácido que discurría a sus pies pero esta vez transportando agua roja como la sangre.
Alguien comenzó a cantar dentro de ella. Era la voz que siempre deseaba oír.
-Yaya cántame otra vez la canción de los peces.....
-Un pececito quiso nadar...
Y nadó también. Navegó por mares sin ruta y sin horizontes.
Su vientre se rasgó y pudo sentir el calor envuelto en vaho de sus intestinos.
-Duerme, duerme.....
De nuevo el susurro que ahora le llegaba desde su mismo estómago.
Los ojos se le llenaron de una claridad metálica. Era la claridad de un cielo limpio pero extraño. Un cielo por el que no surcaba ni una nube, ni un ave, ni una ráfaga de viento.
Un cielo paralizado, disecado. Un cielo neutro como los que cualquier mal pintor deja sobre una marina de mar muerto y triste.
Quiso llorar, pero nada quedaba de llanto. Quiso recuperar el salitre de sus lágrimas. Pero era un desierto, una fuente donde solo las lagartijas y las arañas la habitaban.
Comenzó a soñar dentro de su sueño y ese sueño se convirtió en un sueño múltiple por el que la pena y no la paz se extendía ocupando hasta el lugar más recóndito de su cuerpo.
Como hormigas que recorren el camino conocido, como lagartos que se asoman sin peligro a un so, como perros que huelen y rastrean así fue sintiendo que era lamida, besada, palpada, cuadriculada, mordida y sobada.
Sus pechos se llenaron de miel y su sexo se abrió para esperar la bocanada caliente.
Fue un tiempo que se aquietó hasta hacerse eterno. El aliento se pegaba a su vientre y bajaba despacio hacia sus piernas dejando un rastro de tibia saliva.
Como si el alacrán mordiera, como si la hiena mordiera, como si le lobo mordiera, como si el perro mordiera, como si el hombre mordiera, así, de idéntica forma notó como unos dientes hambrientos la mordían también.
Se llenó de espuma y de agua. Manó hidromiel y un aroma inconfundible llenó por completo la estancia.
Recorrió valles y bosques, remontó montes y cordilleras. Anduvo caminos desconocidos y para nada se detuvo cuándo sintió que la fatiga le pesaba en los pies. Corrió veloz tras una cometa que alzaba el vuelo y no llegó a atrapar su hilo. El globo ascendió hasta confundirse con el azul del cielo. Pero no lloró. Sabía que tarde o temprano sus juego de niña habría de terminar.....
Durmió tal vez en uno de los muchos suelos a los que pertenecía. Durmió pegada a la oscuridad sin saber si el tiempo transcurría o si simplemente acababa de fallecer. Pro no le importaba nada.
Le angustió pensar en el regreso. Y caminó descalza por la habitación de techo azul añil. El armario era devorado por miles de insectos que se repartían las migajas del aserrín.
-¡Una de bravas picantes! se oyó gritar al borracho de la esquina.
Sólo un esbozo de sonrisa en el hostelero y una mueca de conformismo:
-"Estas cosas pasan a éstas horas" -dijo por única explicación y sin levantar la vista de su ordenador.
Fué lo único y en esa sonrisa estaba toda la comprensión, la vida y las ansias de vida que albergaba dentro.
Luego el silencio dejó su grito en el local y recuperamos las copas para ahogar en ellas el tiempo y el olvido.
Gracias por esa sonrisa, compañero, en ella se resumen maletas, vivencias, historias y vida.
Llegué a su vida por uno de esos caminos que el destino pone ante nosotros para seguir mortificándonos en la constante incertidumbre de elegir y de optar.
No preguntó mi nombre, ni quién era, ni de donde venía. Simplemente me aceptó.
Le narré la leyenda de Lohengrin surcando el Rhin una noche de estrellas limpias y de luna grande. Ella comprendió y se quedó callada.
Por un momento nos distanció el silencio y cuando abrió su boca fue para rozarla con la mía.
No pude mirarla a los ojos porque me cegó el amor.
La luna fue el único testigo que nos sorprendió desnudos y nos arropó con su luz fría dejando sobre nuestra piel un reflejo de estaño.
Yo no sé si llegué para perturbar su soledad y aumentar su sufrimiento, o es verdad que acompaño sus días y su noches como el ángel custodio que Dios le negó.
Cada vez que tomo su mano un temblor me hace estremecer presintiendo que es la última vez que la retengo entre la mía. Cada beso parece el beso de una despedida y callo, enmudecido por el dolor que me producen sus silencios.
Cada noche remonto el Rhin para ir a su encuentro y me detengo bajo su ventana siempre cerrada, siempre muda de luz y allí, amparado en la penumbra la imagino arropada en su nube, fundida en sus sueños, o, simplemente dormida. Yo, callado, apretándome el pecho para que los latidos de mi corazón no la despierten, vigilo su descanso hasta que las primeras luces del alba comienzan a despertar a los gorriones.
Ayer la dejé marchar alegando prisas...
Me callé y la miré a los ojos, ella bajó la vista y simplemente dijo, hasta mañana. Mi mano resbaló de su mano quedando flotando como el pañuelo de una despedida.
Mi corazón se desacompasó y en la garganta volví a sentir el nudo de la angustia.
Como cada noche, volví a remontar el Rhin para llegar hasta su ventana. Alcé los ojos y por primera vez vi su habitación bañada por una débil luz. Hasta mi llegó el susurro de in suspiro prolongado. Lloré mientras me daba la vuelta para buscar la otra orilla del río.
La barca que me aguardaba se mecía lánguida. Sin detenerme un instante remonté de nuevo el río mientras a mis espaldas comenzaba a teñirse de rojo el cielo. Recordé que era la noche de San Juan.
Fui borrando las huellas, fui apagando la derrota que marcaba la quilla y lentamente me despedí de cuanto me había visto ser feliz en otro tiempo.
Estoy sumergido en una duda y no sé si es mejor prenderme fuego y arder como una tea, o, cerrar este café por aburrimiento intelectual.
Siempre es mejor volver a la caverna y meditar en silencio si merece o no merece la pena volver a ver el sol una mañana.
Me daré un plazo prudencial, pero no lo prolongaré por mucho tiempo, me duele ya tanto el costado abierto que no resisto más derrotas.
"¿Qué quieres?Sufrir sin quejarse es la única lección que hay que aprender en esta vida" (Van Gogh CARTAS A THEO)
C I E R R O E L C H I R I N G U I T O P O R A G O T A M I E N T O
Hola Carlos, una amiga me dijo que entrase en la pagina de tu cafe, que la encontro por casualidad y le encanto. Despues de visitarla unicamente decirte que enhorabuena. Ah! una sugerencia no cierres el chiringuito,tal vez algun dia te de las satisfaciones que te mereces.Hasta la proxima.
Tal vez recibas una carta, amor,
en la que te digan que me ido
que me he quedado dormido
y que no tuve tiempo
para un larga despedida.
Que todo fue muy breve.
Que apenas sentí dolor.
que los ojos me cerraron.
que en el rostro de hielo
se dibujó una sonrisa
Que solo me entró la prisa
por pronunciar tu nombre.
Que pedí abrir la ventana
para contemplar el cielo
y escuchar la música elegida
con la que adormecer al hombre.
Que apreté sin fuerzas mi mano
cuando la vi tan cercana.
Que se enfriaron mis sienes
con el paso de su brisa.
Recibirás una carta amor
rézame con tu sonrisa.
Recuerdo tu café...
Han pasado años, entré por casualidad y sonaba en ese momento una música extraña. Te pregunté quién era y tú, Carlos, me dijiste se llama Tom Waits...Seguí escuchando casi con devoción aquella voz rota que llenaba por completo el establecimiento.
Supongo que no te dirá nada este recuerdo sacado aquí ahora.
Volví a pasar hace un año y todo seguía igual. Carlos no estaba y en sulugar una chica rubia me dijo que estabas exponiendo en Galica. Me hubiese gustado saludarte y decir que ahora Tom Waits forma parte de mi vida por qu él me hizo reencontrarme con el hombre que adoro y que me ha hecho la vida irrepetible.
Gracias, Carlos. cualqueir día pasaremos, quiero que mi hijo conozca el lugar exacto donde comenzó a crearse.
LAURA
Hola Laura. Gracias por ese recuerdo que me dejas aqui. Tengo una vaga idea de aquel momento pero nopuedo precisarlo en mi memoria. Si recuerdo lo de Tom Waits... Espero que tengas mejor suerte la próxima ez qeu pases por el café.
Gracias de nuevo
hola carlos, estanoche me siento especialmente sola, me ahoga el desasosiego y no se que me pasa, busco a un amigo que me sostenga por un momento pero ya es demasiado tarde, esto no lleva a ningun sitio , me aferro a un imposible, se que no te conozco de nada , pero necesitaba contarselo a alguien, en el fondo de todo esto no se que decirle ni siquiera al viento, son palabras sin sentido, la unica que se los da soy yo,y aun asi me cuesta la misma sangre,el mismo aliento, se que todo esto te puede desconcertar, no me hagas el minimo caso, solo son palabras, en fin espero que el alba me traiga un poco de algo, que se yo.
Hola Esperanza, efectivamente no sé quién eres pero so no importa si has llegado al Café. Siéntate cómodamente y charlemos como viejos amigos.
Mira "La soledad es feliz y dichosa si se tiene algo que hacer y se encuentra un en paz"
Me duele ver a la gente sumida en su incomunicación y que no podamos alargar una mano para tirar de su soledad hacia arriba.
¡Lástima que llegue tarde mi palabra y mi ayuda! Pero confía en que nunca es tarde y qe siempre tendrás este rincón del café pra acomodarte y para charlar mientras te tomas un mojito bien frío y escuchas la música que , como ahora, suena para ti, amiga desconocida.
No desesperes, no merece la pena y la noche es buena consejera para escuchar en silencio
Un saludo y sabes donde estamos.
EL CIELO NUNCA ESPERA
Hoy me gustaría escribir sobre el mar, sobre el ocaso, o sobre la brisa...
Hoy me gustaría tumbarme boca arriba en cualquier parte y mirar el cielo.
Hoy me gustaría ser fiel al dolor.
Hoy me gustaría que alguien me desgarrara el pecho sobre un pentagrama y compusiera la melodía más triste que existiera.
Hoy me gustaría no estar aqui, cabalgar sobre el agua o dejarme llevar a lomos de la luz que agoniza.
Hoy me gustaría no ser nada, o, acaso, el velo de una sombra.
Hoy comienza el deshielo y la carcoma de la muerte araña, trenza, teje su filigrana y escribe su ruta.
Hoy he comenzado a ser menos yo para ser más muerte, para soterrarme, para alimentar larvas y rastrojos.
Se ha callado una voz, se ha dormido una esperanza y se ha helado un corazón. Se ha abierto un abismo y se ha cerrado para siempre un tiempo antiguo que me daba alas para vivir un tiempo nuevo.
El cielo nunca puede esperar. Cuando él dispone baja la nubes y simplemente nos evaporiza.
Mi rabia me anima a que maldiga pero... ¿para qué maldecir?
Mi dolor me dice que llore. Pero.... ¿Para qué llorar?
¡Qué levedad y que frágilidad!
¡Qué absurdo destino!
Hermana te has ido sin desatarme las manos y recobrar la libertad.
Te adormeciste sola, tal vez buscando con tu mirada alguien que te dijera adiós o te acompañara hasta que hallaras el sendero de la luz.
¡Qué soledad tu muerte y qué fría!
Y luego, desterrada, entumecida en el blusón de los deshechos camino de un pudridero.
Y siempre sola. Siempre sin nadie que te tomara la mano fría y acariciara tu frente de nácar y de hielo.
Volteo los recuerdos y me duelen como cuchillos.
Y todo, maldita sea, para seguir aún vivos arrastrando la miseria, soportando la tragedia de tu sacrificio.
Me duelo como jamás me he dolido nunca y me callo para no pronunciar jamás tu nombre, Amelia
Sopló el viento, y simplemente se la llevó.
Maldigo al aire.
Maldigo a la noche que se alió con él.
Maldigo a la madrugada, partera de dolor.
Maldigo al silencio que amordazó su despedida.
Maldigo a la soledad que la desarropó.
y me maldigo por no estar a su lado.
Acallo mi conciencia con extravíos
No legitimo a Dios.
Ni justifico la sinrazón de haber nacido.
Me pesa la vida hoy tanto y tanto
que me aplasta contra la tierra.
Ya todo será distinto
aun que deseemos que todo siga igual.
Me enterraré en mí mismo.
Acoplaré mi paso al desequilibrio
y seguiré caminando como si todo
hubiese sido un mal sueño,
un amanecer áspero tras el náufrago
de una noche de crápula.
Encontre tu pagina por casualidad, me ha gustado muchisimo, unicamente se que hay cosa que te causan mucho dolor, espero que no lo lleves demasiado mal, solo soy una cobarde que te desea que la vida te sonria y que seas capaz de encontrar la luz que muchas personas seremos incapaz de encontrar.Eres una buena persona por lo cual te deseo realmente que te rias un dia a grandes carcajadas.Un saludo, de una conocida tal vez.
... Hay que estar siempre ebrio. Nada más: esa es toda la cuestión. Para no sentir el peso horrible del tiempo, que os quiebra la espalda y os inclina hacia el suelo, teneis que embriagaros sin parar. ¿De qué? De vino de poesía o de virtud, como querais, pero embriagaos.
Y si alguna vez en las escaleras de un palacio, en la verde hierba de una zanja, en la soledad sombría de vuestro cuarto, os despertais porque ha disminuido vuestra embriaguez, preguntad al viento, a las olas, a las estrellas, los pajaros, el reloj os contestaran:
¡Es la hora de embriagarse! Para no ser los esclavos martirizados del tiempo, embriagaos; embriagaos sin cesar, de vino de poesia o de virtud, como querais.
Y YO DIGO:
Dadme poesia, que no encuentro virtudes y la botella de vino esta vacia.
Una vez, por el tabernerolos hombres libres beben ansiosamente;dos veces, beben por los cautivos;luego, tres veces por la vida;cuatro, por todos los cristianos;cinco veces, por los mártires;seis, por los hermanos enfermos;siete, por los soldados en guerra. Ocho veces, por los hermanos errantes;nueve, por los monjes disgregados;diez veces, por los navegantes;once, por los desavenidos;doce veces, por los penitentes;trece veces, por los viajeros;tanto por el Papa como por el reytodos beben sin límite. La señora bebe, el señor bebe,el soldado bebe, el clérigo bebe,el hombre bebe, la mujer bebe,el esclavo bebe, la esclava bebe,el hombre activo bebe, el indolente bebe,el hombre blanco bebe, el negro bebe,el perseverante bebe, el vago bebe,el ignorante bebe, el sabio bebe. El hombre pobre bebe y el invalido bebe,el desterrado bebe, y el desconocido bebe,el muchacho bebe, el anciano bebe,el presidente bebe, el decano bebe,la hermana bebe, el hermano bebe,el viejo bebe, la madre bebe,esta bebe, aquel bebe,centenares beben, miles beben.....CARMINA BURANA
la locuara no sabia que hacer para disculparse.tambien lloro,rogo,imploro....y tal vez fue esa la unica vez en que la LOCURa hablo con un poco de cordura al final, cuando dijo:no os preocupeis mas por el, desde ahora yo sere sus ojos.
Y por eso, desde que por primera vez se jugo al escondite en la tierra, el AMOR es ciego y la LOCURA siempre lo acompaña.
Un dia llego Laura a tu cafe y conocio a Tom waits, por medio de ella y en este otro Cafe de Carlos me lo encontre yo; gracias a los dos porque ahora forma parte de mi banda sonora.
Y si mientras que en mi camino no paso por tu local, compartieras aqui tu musica de fondo? Y si me presentaras otras voces de las que acarician, rasgan, hacen llorar o besan esas paredes verdes?
Y mientras que no pueda apoyar mi codo en tu barra con una copa en la mano, volvere aqui con ilusion de que me respondas.
Claro que la compartiré porque la música, como cualquiera de las artes ha de ser compartida si no carece de valor lo que se omponga, se escriba o se pinte.
La música, las voces, unas veces nos dañan, otras nos elevan a momentos sublimes o nos transportan allí donde deseamos estar. Tom Waits escupe su rabia cuando canta como queriendo expulsar cada uno de sus demonios internos Y esos demonios nos llegan a nosotros para que los conjuremos o para que nos dejemos poseer por ellos.
Pero ¿Y Leonard Cohen o Caetano, voces dulces que parecen ablandar el tiempo?¿ Y el estallido que suena a grito de Janis Joplins y que es un constante sentido de rebeldía contra ella misma?
Pero en contraste me dejo a veces acunar por el susurro celestial de la Gran Dama, Montserrat Caballé... " O Mio caro bambino..." Y me eleva tanto que hasta creo que tengo alma.
En fin, Alicia, ¡lástima que en el laberinto no pedas llegar hasta mi café y entre vahos de incienso y marihuana oir lo que ls demás oímos!
Un saludo y aqui estaremos
Sería necesario hacer un introito muy comprimido para explicar lo que acontece en el interior de cada persona cuando escucha un tema musical. Los resortes de la memoria se disparan, es como si sonara una alarma especial que nos pone en alerta. Automáticamente, el tiempo se detiene, mejor dicho, retrocede al instante conciso en que por primera vez escuchamos la canción,o al otro momento más intimo en que dicha canción comienza a tomar vida propia escribiendo su peculiar historia. Luego es muy simple, el mecanismo del recuerdo se conecta y el tiempo deja de existir.
A veces estas historias son un simpe lugar, un olor o una palabra. En otras la historia se elabora cargada de amores, desamores, emociones, adioses, encuentros,bienvenidas, silencios, contactos de piel con piel o labio contra labio. Una luna grande, una noche hermosa, una playa lejana o un mar de brumas permanentes.... Y nos dejamos arrullar de nuevo escuchando la melodía que ahora, envuelta en la nostalgia, nos transporta lejos entre suspiros, lágrimas o risas.
Esa es la fuerza del recuerdo. Esa es la naturaleza misma, la función para la que se ha escrito la música y no sólo para escucharla, más bien, para sentirla aunque sea anquilosada en el alma y redimida de su cautiverio cada vez que la esuchamos sea donde sea...
Es una pena que apenas entres en el cafe para poder hablar contigo, nos encantaria poder segur manteniendo conversaiones sobre musica y cosas de la vida, esperamos que pronto te renueves y vuelva abrir las puertas de este tu cafe.hasta pronto
YO.
¿Qué soy yo?
Estúpido Yo condenado a entenderse
conmigo mismo.
Yo
Amante del escepticismo,
capaz de estremecerse
ante la violeta congelada.
YO,
Egoísmo.
Más cerca que tú de la nada.
ha de esconderse
Me rompe mi esquema
el profundo antagonismo,
que me doblega y doblego.
YO,
Sólo el ego.
Ecuación y no dilema
sin solución.
Mi exponente es cero
conjugo el sincretismo
pero sigo teniendo un problema.
Amiga, pon atención
Si te recreo en mi sueño
y llegar el día espero
para darme cuenta que no existes…
Medito.
Tus silencios tristes,
tu áspero rasero para medir
las despedidas,
tu maldito
e inquietante miedo.
Tus ausencias
y mi tiempo acaso compartido…
Yo
Amante de causas perdidas.
Yo
Ambivalente corazón y sexo.
Yo ahora te confieso:
estoy muerto
pero ámame a escondidas.
Amiga, las puertas de mi café están siempre abiertas para la gente que llegue con buena voluntad. En cuanto a mí...A veces es mejor compartir el silencio que el dolor y callarse antes de decir la palabra que nos va a hacer esclavo de ella.
Es madrugada, no se si en la calle hay gente,me temo qe no, y si en el cielo hay o no hay estrellas, me temo que tampoco. pero es lo mismo, simplemetne me he detenido un poco más en esta noche espesa, esta noche rota y en la que se quiebran mis sentimientos como una porcelana china.
Sé que es dificil darme a entender o que mi palabra es demasiado áspera a veces y que duele cuando se la escucha. pero jamás ha sido una cuchilla con la que querer partir en dos el alma o el llanto.
Mi corazón sufre y no sabeis cómo es este dolor rojo que palpita.
Si hay alguien que lea estas líneas ha de saber que el amor es un sentimiento que está por encima de los avatares más sombrios y que si no es capaz de superar el llanto es mejor arrinconarlo hasta que de pena se marchite. Luego ya sabremos lo que hacer con èl
Mi ramo de rosas se secó en el tiempo pero sigue vivo en el café esperando que una mano las vuelva a dar vida. Si no se la da entonces nos amustiarmos los dos.
Y ahora caminaré en la noche con paso quedo para no hacer ruido y no despertar los recuerdos que duermen y que hace unos instantes me dolían con un dolor extraño.
Os dejo con la noche, con la madrugada y a ella la dejo que duerma en su nube tal vez soñando sueños que no quisiera haber soñado jamás
En tu escrito descubro que tienes una amiga por la que sientes algo divino, no todos en esta vida somos correspondidos, me uno a ti en ese malestar pues ami me pasa mas o menos lo mismo, unicamente agarrarte al pasar del tiempo y esperar que un dia vuelva a brillar la luz que tanto deseamos, con o sin las personas que anelamos.Un placer,y ojala un dia pueda tomar una copa en tu cafe oyendo a Tom Waits. Pon en agua esas rosas que no se marchiten.
Mi café siempre está abierto y yo deseando que la gente entre para compartir con ellos mi poca charla, mi mucha música y mi buena compañia.
Todos buscamos en esta vida, es lo que hay, una búsqueda constante que a algunos les mantiene vivos y a otros les hace sucumbir en el intento porque se conforman con la fe del carbonero, como dicen en sus pláticas los jesuitas, es decir, creer a pies juntillas. ¿Crees de verdad Alicia que nunca has sido tu amor compartido? No me lo puedo creer. Haz memoria y verás que siempre se encuentra entre los recuerdos pequeños detalles que, como entre los restos de un naufragio, los doblones de oro están soterrados entre la arena esperando que alguien de con el tesoro
Hasta cuando quieras un saludo mío y de Tom Waits que lo tengo a mi lado
COMO NOS SOBRABA EL TIEMPO, MAJARAS INSIGNIFICANTES Y DERROCHAMOS CADA DIA Y CADA INSTANTE, SE HIZO TARDE SE NOS HIZO TARDE.COMO LAS HOJAS MARCHITAS QUE NO AVISAN CUANDO CAEN, EN UN PARPADEO EMPEZO TU VIAJE HACIA OTRA PARTE.
HOY IGUAL QUE AYER SIGO SIN SABER COMO ENCONTRARTE Y DIAMBULO SOLA DONDE EL CORAZON NO CONOCE A NADIE
Y YO QUIERO SABER COMO ENCONTRARTE, Y YO QUIERO VOLVER A PISAR TU CALLE Y PODER DECIRTE QUE ME FALTA EL AIRE POR VOLVERTE A VER EN OTRA PARTE.
COMO PUDE PERMITIRLO, COMO TE DEJE MARCHARTE, SIN DECIRTE QUE TE QUISE COMO A NADIE, QUE DUDA CABE. HOY HOY IGUAL QUE AYER SIGO SIN SABER EN QUE FALLASTE PARA VIAJAR SOLA DONDE EL CORAZON NO CONOCE A NADIE.
JOSE LUCIA.
PARA LA MUJER QUE MAS QUISE EN MI VIDA.
A FUEGO LENTO...!!!
Sentir esa descarga de adrenalina...
esa danza que hace estremecer...
perdiendo la cordura.
Saborear todo tipo de sensaciones persistiendo en ellos...
tocar, besar, explorar, aquí, allá...
jugar... divertirse.
Participar en una oleada de juegos preliminares...
diferentes...
que hagan hervir la sangre... la piel... los sentidos.
Contemplarte... contemplarnos a flor de piel...
a tal grado que se ciegue la mente...
compartir la locura...
calentando la piel que hay en el vientre...
caricias lentas y compartidas.
Cada pulsación enloquecerá... alborotando los sentidos.
Sensaciones estimulantes que abrazen el interior...
que palpita... fluyen... que se viven.
Sentirse una Diosa a tu lado...
decir sin rodeos lo que provocas...
con una voz suave y sensual...
estimulando así tus espectativas a lo que predecerá.
Dar un beso que conquista...
que promete...
anticipando con sutileza el fuego que se avecina.
Dejarte mirar con la luz encendida...
sentirse hechizada con la mirada.
Sentirse prisioneros...
de nuestras manos que parezcan mariposas...
de los labios que desarmen...
de unos dedos que recorran y lleguen a los puntos exactos...
donde provoquen toda una fantasía.
Acariciar donde se pueda sentir tu fortaleza y mi vulnerabilidad...
provocando que se traspasen los límites de la razón.
Sentirse cautivados al plantar los labios suavemente...
atraerse aún más con un beso profundo...
en el que su interior sea más apremiante...
íntimo... con más fuerza... iniciando una pasión y danza primitiva...
explosiva... excitante... encantadora...
que provoque llanto y paz.
En un mar de sábanas como la espuma perdernos diciendo...
quítame el frío del alma...!!!
Para ti...
HACIENDO RIMAS
Una sombra sin cuerpo atora mi garganta,
y no deja que brote el pensamiento con palabras:
consume el jugo de mi ansia
y me enreda los dedos ante el sueño;
un ensueño angustioso hecho fantasma,
que apuñalo frente a frente cada dia,
pero la mano que perdura sobre mi hombro
me escarnece haciendome dormir sobre su tumba,
y una voz me repite al oido el epitafio:
"no morire nunca" "no morire nunca"
Jugabas con la muerte, hiciste de ella tu amiga inseparable, una y otra vez te dije que ellla no se casria contigo.Le contabas tus sentir, tus agobios y tus ansias, ella te escuchaba con deseo de amarte y llevarte , no se a donde, nunca entendi esa pareja, logro engañarte , gano la batalla contra los que te queriamos.Le regalaste muchas noches, besos y rosas, y ella ya ves te buscaba desesperada queriendo mas cada vez, mas de ti, mas y mas, a cambio de..........
Al alba te marchaste , seguramente engañado, seguramente solo, seguramente desencantado. Tu amante sigue con sus juegos, es una mala puta que se cobra su peaje.¿como consolar a los vivos que aqui dejs?, estoy muerta de miedo por ver a tu madre, mi cuerpo vibra sin cesar, me rompere y seguramente no podre controlar la impotencia de decirte a solas, "estupido".
donde quieras que estes......no puedo mas
Como expresar con palabras, lo que el alma no entiende.
Siento que algo dentro de mi no funciona, mi mente no responde a ningun reclamo, la boca de mi estomago arde,mi corazon palpita sin cesar descompasado.
La tristeza se ha apoderado de mi vida, la soledad se sento en mi butaca, no merece seguir maltratando asi a mi alma, que me grta a voces que por favor la salve de este infierno. Carezco de toda razon para seguir y maldigo mi cobardia para comenzar mañana con la rutina y el desasociego.
Alma mia quisiera liberarte, quisiera reir contigo, quisiera bañarnos en nuestro mar de olas, en lugar de en mis lagrimas..Espero que no te separes de mi, que no me dejes sola, que me soportes hasta que pueda recompensarte, y si no encuentro el final del camino, te liberare para que no mueras conmigo.
que cosas....tanto tiempo y me encuentro el local cerrado a cal y canto...espero que el dueño, recuperado de su agitada actividad recupere el tono y la tecla para retoma los comentarios que siempre dicen tanto.
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fire_is_not_the_cleanser dijo
Yo aposté por uno de esos baules tochacos, sí, de los de que la abuela tenía dentro el ajuar preparao para cuando terciase la ocasión... Así pues plántolo en el suelo, alrededor de la mesita para el café, y comienzo el proceso de espera... A ver que nos cuentas :)
PD. Me pregunto por qué todos elegimos esta plantilla al principio xD
3 Mayo 2007 | 06:54 PM