Hubo un tiempo en que las mariposas volaban a mi alrededor como atraídas por la luz en la que inevitablemente al final se abrasarían. Hubo un tiempo en que constantemente miraba al cielo porque me encontraba aprisionado y sólo allí, en esa altura infinita, creía ver la libertad. Hubo un tiempo de lucha entre mi yo que se negaba y mi yo que se beneficiaba de la duda y por eso deseaba seguir adelante, para descubrir mundos y utopías nuevas.
Sólo el deseo de saber y por tanto la curiosidad, me mantuvo vivo indagando aquello que aborrecí o aquello que nunca quise comprender.
Cuando me acerqué a la fuente del conocimiento, cuando probé el alimento que me iba nutriendo el ama, o al menos mi interior, entonces comprendí que era necesario seguir caminando, seguir buscando aunque eso supusiera ir dejando en cada búsqueda jirones del alma. También las ovejas dejan sus matas del vellón prendida entres los espinos y no por eso pierden su abrigo.
Los filósofos dicen que NIHIL OMMNIA QUI PRAECOGNITUM, es decir, no se quiere nada que no se haya probado antes.
¿Cómo sé que me gusta o no me gusta si no me he acercado a catar ese sabor?
Qué terrible y rutinario hubiese sido la vida en el Paraíso si Eva no le hubiera dado a probar la manzana a Adán. Una vida en la que no hay misterio y no hay pecado, en el sentido estricto de lo que la iglesia nos ha inculcado como pecado. Cuando ellos vieron que había otra vida nueva fuera del Edén, una vida más atractiva y llena de sorpresas, me imagino que no volvieron a echar de menos la vida contemplativa y sin sobresaltos.
Ahora, consumido mi tiempo, miro atrás y me pregunto ¿qué me queda por resolver o por descubrir? Y observo que hay infinitud de cosas que son las que me mantiene vivo. Cosas que aunque conocidas busco la forma de volverlas a saborear, a verlas desde distinto punto de vista, es decir a hacerlas completamente nuevas.
Amar…. ¿Qué es el amor sino una esclavitud? Me gusta dar en estado puro y para eso necesito de usar mi libertad. Que nadie me imponga la regla y que nadie me diga donde está el límite porque ese límite solo me lo marco yo mismo. Si los demás a cambio de esa entrega me quieren devolver la prebenda, que me la den y si no tan contento, porque así descubro lo que hay de ingratitud en sus corazones.
No te detengas, avanza, si no con paso firme, si tanteando el camino, pero no te juzgues jamás por lo que puedas o no puedas hacer. Júzgate una vez lo hecho pues puede que veas las cosas de forma diferente. Los prejuicios son siempre malos consejeros.

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