Tu cuerpo tiene la apariencia
de la serenidad callada,
coágulo de miel que se deshace
al tacto de mi mano permanentemente alada.
Tacto de sedosa evanescencia
que por el tacto renace
y toma la delicada presencia
de una aurora congelada.
Tu cuerpo tiene el encanto
del almendro renovado,
albor de primaveral confidencia,
frágil y tierno al desencanto
cuando la brisa le ha zarandeado.
Tu cuerpo se arremolina
si presiente mi larga ausencia
y tu piel se torna anacarada
con el pálpito pueril que apergamina
el llanto.
Tu cuerpo es de donde bebo la fuente,
donde mi deseo se aglutina.
Deja pues, que lo acaricie entero
y redescubra todo su encanto.

golosinas dijo
bellos versos para construir esta magnifica poesia.
me ha gustado leerte.
saluditos
7 Noviembre 2007 | 11:05